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Exploradores en helicóptero

Caracas (Venezuela).-- Este explorador se llama Charles Brewer-Carías. Su bigote al estilo gentleman inglés, aunque de británico le queda más bien poco. Sólo su apellido heredado de su padre, un cónsul de la isla que le gustó demasiado el Caribe. Ahora es más venezolano que las arepas de la Polar.

Es tan polifacético, que una noche está remontando un afluente del río Orinoco y otra, comparte whiskys con la farándula venezolana de mises y actrices de telenovela. Su casa de Caracas, situada en una de las lomas del sureste de la capital, es lo más parecido al camarote de los hermanos Marx, donde puedes conocer a miembros de las familias con más pasta (esos a los que Hugo Chávez llama constantemente oligarcas), periodistas y científicos manoseando mapas de territorios inexplorados de la Alta Guayana y de la cuenca del Amazonas de Venezuela.


La excentricidad de este descendiente de un cónsul inglés, con bigote estilo victoriano incluido, no deja a ningún venezolano indiferente. Ni siquiera a la comunidad científica internacional, dividida en defensores y detractores de algunas de sus expediciones. Brewer-Carías inició su currículum de explorador y estudioso de la flora y fauna a los 16 años, cuando participó como fotógrafo en un viaje a Isla Margarita para estudiar los métodos tradicionales de pesca. A los 21 años, convivió con un grupo de indígenas Yekuana, que se habían establecido en el río Erebato, un afluente del Caura (uno de los más importantes subsidiarios del Orinoco), donde finalizó su tesis en odontología.


La fama de Brewer-Carías se catapultó, para bien o para mal, gracias al famoso antropólogo estadounidense Napoleón A. Chagnon. Diez años después de su primer contacto con tribus indígenas como dentista, participó junto a Chagnon en numerosas expediciones multidisciplinarias para estudiar a los Yanomamis. Una etnia formada en la actualidad por 20.000 individuos repartidos entre el sur de Venezuela las zonas adyacentes a Brasil.


Chagnon y Brewer-Carías se convertirían en grandes amigos y, 20 años después, compartirían hamaca y mochila en nuevas expediciones a esta frontera, que comprende parte del estado de Roraima y del Amazonas. Fruto de estas investigaciones, Chagnon escribió en 1968 su libro más conocido: "The Fierce People" (Los Yanomami: el pueblo feroz), criticada por la visión distorsionada de la obra sobre las costumbres de esta etnia, que según el estadounidense vivían en "estado de guerra crónica".


Sin embargo, el ataque más voraz lanzado contra Chagnon, Brewer-Carías y el equipo de médicos del Instituto Venezolano  de Investigaciones Científicas (IVIC) y de la Universidad de Michigan, que les acompañaban, surgió de la pluma de Patrick Tierney. Este periodista relató en su obra "Darkness in El Dorado" (Oscuridad en El Dorado, año 2000) la responsabilidad de este grupo en la propagación de una epidemia de sarampión, que mató a cientos de indios Yanomami de las selvas amazónicas. Tierney acusó a los doctores venezolanos Marcel Roche, Tulio Arends  y  Miguel Layrisse  del IVIC; así como al Dr. James V. Neel y a Chagnon de la Universidad de Michigan, de aplicar vacunas a nativos infectados de sarampión para comprobar su eficacia.


Las acusaciones causaron un gran revuelo en su tiempo y, a día de hoy, Brewer-Carías sigue refutando con obras y artículos de distintos investigadores el "exitoso montaje" de Tierney.     


En la década de los 70, lideró expediciones al cerro Autana, un tepuy del estado del Amazonas, donde halló una cueva que atravesaba de lado a lado esta  montaña cortada y, a las Simas de Sarisariñama, situadas sobre la cima del tepuy Sarisariñama. Posteriormente, intercaló su oficio de explorador con trabajos en la Administración, durante los gobiernos de Luis Herrera Campins y Carlos Andrés Pérez.

A sus 68 años, sueña con nuevos viajes a cuevas todavía sin descubrir, mientras recuerda en conversaciones de café a exploradores que se convirtieron en leyenda. David Livingstone, Henry Stanley, Francisco de Orellana… Eso sí, ellos no viajaban en helicóptero.      

Hallan organismos que transforman el sílice en ópalo




CARACAS. - El Mundo Perdido descrito por Sir Arthur Conan Doyle en su libro de ciencia ficción es, con el paso de los años, más enigmático y extraño de lo que supuso el creador del detective Sherlock Holmes. En una cueva, situada en el Aprada Tepui del macizo Chimantá, ubicado en las inhóspitas tierras de la alta Guayana, un grupo de exploradores y científicos ha descubierto unos microorganismos capaces de transformar el sílice en ópalo, formando un mineral bautizado con el nombre de bioespeleotema.

Esta especie de estalagmitas con vida ha sido localizada en una de las cuevas de cuarcita más grande del mundo, la cual posee unas condiciones ambientales similares a las del planeta Marte. Un planeta que cuenta en su subsuelo con ópalo amorfo, según captaron las sondas Mars Global Surveyor y el orbitador del Mars Express durante sus vuelos espaciales.
«Esta similitud apunta la posibilidad de la existencia actual o pasada [en el planeta rojo] de formas análogas de vida capaces de convertir el sílice en ópalo», explica Vicente Marcano, coordinador del laboratorio de Biología y Química Evolutiva en el Centro Microscópico de la Universidad de Los Andes de Mérida (ULA).

«En las primeras investigaciones realizadas descubrimos la existencia de una variedad de microorganismos (bacterias fijadoras de nitrógeno, cianobacterias y bacterias oxidadoras de hierro, entre otras) que han formado estos curiosos bioespelotemas de ópalo amorfo», relata Marcano.

Estructuras amorfas

«Posteriormente, realizamos varias pruebas por difracción de rayos X que evidenciaron que dichas estructuras estaban constituidas por ópalo amorfo, formado por la acción de las bacterias pertenecientes al genero Thiobacillus», puntualiza.

Tras este primer descubrimiento, realizado el año pasado, un grupo más nutrido de especialistas acudieron en el mes de junio a la cueva de Charles Brewer (en honor a su descubridor), con el fin de tomar más muestras de los bioespelotemas.

Durante este verano, el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y el Centro Astrobiológico del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de Madrid han estado comprobando estas muestras para validar la teoría de los bioespelotemas. Una postulación que acercaría más realidad científica de que existe vida en Marte.

Los bioespeleotemas encontrados por Brewer y el equipo de científicos están formados en su interior por anillos concéntricos como el de los árboles. Sin embargo, encontrar ópalo amorfo similar al que se encuentra en el subsuelo de Marte es el último eslabón de una larga cadena de hallazgos liderados por este explorador venezolano.

Victoriano hasta la médula, Brewer ha realizado 186 expediciones a las tierras altas de la Guayana venezolana, durante las cuales descubrió y exploró las cuevas del Cerro Autana, las grandes Simas de Sarisariñama que se encuentran en la cumbre de este tepuy del Estado Bolívar y la cueva que lleva su nombre en el Chimantá-tepui.

Este descendiente de ingleses inició sus investigaciones con algo más de 30 años en la tribu indígena de los Ye'kuana, situada en las selvas del alto Caura, un afluente del río Orinoco.
Allí realizó sus trabajos sobre antropología dental, tras finalizar sus estudios en la Universidad La Salle, cuya fundación alberga los libros más importantes de antropología indígena en Venezuela.

Entre 1990 y 1991 localizó en el remoto río Siapa, un grupos de indígenas Yanomamö que aún vivían en El Edén, como bautizaron las revistas Time y Newsweek en sus respectivos artículos a este remoto lugar que nunca antes había sido visto por el mundo occidental.