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'¿Guerra entre Venezuela y Colombia? ¡Si somos la misma vaina!'

Gladis Barrios hace puros en su casa / JL 
(Una versión de este texto fue publicada el 11/11/2009 en la página web del diario El Mundo) 

CÚCUTA (COLOMBIA) / SAN ANTONIO (VENEZUELA).--- “Lo nuestro sí es un matrimonio bien avenido. No como la relación que tienen Hugo Chávez y Álvaro Uribe”, explica Gladys Barrios, de 57 años, una colombiana que vive en la ciudad fronteriza de San Antonio de Táchira y está casada desde hace 21 años con un venezolano.
Barrios trabaja en su casa, haciendo puros que luego vende a una comercializadora local por 50 bolívares -18 euros al precio oficial, 8 en el mercado negro- el millar. Su marido, Luis Alfonso Espinosa, de 48 años, es camionero, pero lleva varios días sin trabajar por la crisis política que atraviesan los Gobiernos de Venezuela y Colombia.
"La situación está mal", comenta Espinosa, “un día se trabaja y otro no. Un día se está tranquilo y otro no. Un día cierran el puente (fronterizo), y al día siguiente todo funciona con normalidad”, explica este venezolano nacido en la capital del estado de Táchira, con siete hermanos colombianos y tres venezolanos.
“En mi familia unos nacieron en el lado venezolano y otros en el lado colombiano. Así es la vida en la frontera”, añade.
Una típica pareja de frontera
El matrimonio de Gladys y Luis Alfonso –ella colombiana y él venezolano- es lo más normal en las zonas limítrofes venezolanas, donde casi el 40% de la población es colombiana. Venezuela, que comparte cerca de 2.215 kilómetros con Colombia, es (junto a Ecuador) el país que más refugiados recibe de Colombia, fruto de un conflicto interno que ya dura cuatro décadas.
Según la agencia de refugiados, ACNUR, cerca de 200.000 colombianos viven en Venezuela en condición de refugiado, aunque este número habría que multiplicarlo por cuatro si se tiene en cuenta la gente que no pide este tipo de estatuto.
Gladys, por ejemplo, dejó su ciudad natal de Bucaramanga (oriente) a los nueve años, y desde entonces ha vivido en Venezuela: “Mi vida la he hecho aquí, yo soy casi más venezolana que colombiana, aquí todos somos hermanos, lo único que nos diferencia es el pasaporte ¿cómo nos vamos a pelear entre dos familias?”, se pregunta.

Seguridad fronteriza

La semana pasada, la Guardia Nacional de Venezuela (policía militarizada) cerró el puente Simón Bolívar, que une la localidad venezolana de San Antonio con la colombiana de Cúcuta, en dos ocasiones. Entre el martes y el miércoles, el paso estuvo cerrado tras la muerte de dos miembros de la Guardia Nacional a manos de pistoleros, en el sector de Palotal, en el estado venezolano de Táchira, mientras que el sábado por la mañana cientos de ‘pimpineros’ colombianos (contrabandistas de gasolina) causaron disturbios en la zona fronteriza por la muerte de uno de sus compañeros.
El Gobierno de Hugo Chávez también ha ordenado la movilización de entre 15.000 y 20.000 efectivos de la Guardia Nacional para incrementar la vigilancia en distintas zonas de la frontera.
El deterioro de las relaciones comerciales y diplomáticas entre Colombia y Venezuela pone en riesgo unos 170.000 empleos en la zona fronteriza, según estimaciones del presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Colombia (Analdex), Javier Díaz.
Sólo en octubre, las exportaciones de productos colombianos hacia Venezuela se desplomaron un 71%. Según el informe de la agencia aduanera de Colombia (DIAN), en octubre las exportaciones colombianas hacia Venezuela registraron 185 millones de dólares mientras en el mismo mes del 2008 habían sido de 640,6 millones.

La 'guerra de la gasolina'

(Una versión de este texto fue publicado el 07/08/2009 en el diario El Mundo) 


SAN ANTONIO (VENEZUELA) / CÚCUTA (COLOMBIA).-- A escasos metros del puente Simón Bolívar -el mayor paso fronterizo entre Venezuela y Colombia- nace un laberinto de trochas sin asfaltar que utiliza diariamente un ejército de contrabandistas para evitar los controles militares. Otro ejército, el venezolano, ha redoblado la vigilancia de esta zona desde hace una semana, cuando Hugo Chávez rompió relaciones con el vecino país.

«El Comandante [Chávez] mandó restringir el comercio con Colombia y estamos cumpliendo una orden», dice un capitán que patrulla con un Kalashnikov este sector conocido como La Muralla, donde viven muchos colombianos que se benefician del contrabando de gasolina.

En la región fronteriza del Táchira, por donde se moviliza el 70% del intercambio binacional, la crisis entre Venezuela y Colombia ha originado fuertes retrasos en el paso de vehículos y malestar entre la población que sufre en carne propia las consecuencias de los enfados presidenciales.

A las restricciones en el transporte de carga, se suman nuevos controles de la Guardia Nacional a vehículos particulares y motocicletas. Si los coches con matrícula colombiana sufren retenciones para cruzar el puente, los venezolanos sólo pueden pasar a Colombia con medio depósito de combustible.

El contrabando de oro negro en la frontera es un negocio tan lucrativo como el de armas o droga. La subvencionada gasolina venezolana cuesta 0,025 euros el litro, mientras que en los departamentos colombianos que lindan con Venezuela su precio es de 80 céntimos de euro.

«En este pueblo todos somos traficantes», admite un conductor de motocicletas que pide el anonimato. «Yo soy taxista, pero cuando hay poco trabajo hago de maletero, principalmente de gasolina y comida», dice al tiempo que señala los «caminos verdes» que utiliza para burlar los controles.

En estos días, las gasolineras venezolanas tienen, paradójicamente, menos trabajo que de costumbre: «Oficialmente sólo podemos llenar el tanque hasta la mitad, tres bolívares [casi un euro] por vehículo», dice un dispensador de una estación de servicio. 

El ingenio popular también consigue burlar estas limitaciones. Freddy Rozas, un colombiano con más de 15 años en el pueblo fronterizo de San Antonio, tenía hasta hace pocos meses un coche fantástico. No es que su Chevrolet Cavalier hablara, pero tenía un depósito con una capacidad para 250 litros. 

«Exactamente, tenía dos tanques pegados, es una modificación que muchos vecinos hacen para traficar con gasolina», cuenta entre risas. Su coche está retenido en un depósito de la Guardia Nacional, junto a otros vehículos confiscados.

El ministro de Energía, Rafael Ramírez, dijo a principios de esta semana que el Gobierno de Chávez está «revisando» el convenio de suministro de combustible a las zonas fronterizas de Colombia. Según estimaciones de la petrolera estatal de Venezuela, cada día cruzan ilegalmente 29.000 barriles de petróleo, que deja en el camino un jugoso negocio de 1,5 millones de euros.